A Juicio
Ojalá que la conciencia de que se está perdiendo el tiempo fuera suficiente para rectificar nuestros caminos. Obstinadamente pierdo uno, dos, cinco, mil días. El resto se va al olvido: todo producto, por insuficiente, es arrojado al fuego. Pienso en el día del juicio final, cuado el todo poderoso administrador del tiempo sagrado (el tiempo de los hombres en la tierrra) ponga su mejor cara de enfado al ver despilfarrados mis talentos, y yo, deseando con toda el alma que el suelo se abra y me acojan las entrañas del infierno. Será una liberación.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home