viernes, noviembre 10, 2006

Reconocimiento

Uno debería aceptar su lugar en el mundo, admitir que, por más elogios que puedan adornar el propio trabajo, las capacidades evidentes y más aún, las ocultas, uno es poca cosa. No se me deberían helar los pies cuando en Google escribo su nombre con sus dos apellidos, y en 0,17 segundos aparecen 302,000 entradas, de las cuales, al menos dos terceras partes hablarán precisamente de él. No se me deberían doblar los brazos cuando sus caros amigos le elogian cualidades que incluso yo, que decía conocerlo, nunca he sabido muy bien qué hacer con ellas. Pero me reservo el derecho inalienable a sobrecogerme cuando reconozca que desde hace un tiempo, esta ha sido la única forma de escuchar alguno de sus pensamientos (aunque fuera de segunda mano), de enterarme si lo volveré a ver, si tendrá tiempo para responder mis cartas. Tal vez así logre convencerme de una buena vez de que quien era insuficiente, anónima, ajena, era yo, y no él, como le gustaba hacerme creer.

1 Comments:

At 8:51 p. m., Blogger Carlos Ramírez Vuelvas said...

Querídisima Forastera:

Sigo leyendo, emocionado, sus letras. Acá, al menos, hay uno que también le brinda un fuerte abrazo y un saludo, como quien se reconoce en un espejo. Y otros saben que no hay mayor elogio que el de ponerse la camisa en las mañanas.

 

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