viernes, noviembre 10, 2006

Reconocimiento

Uno debería aceptar su lugar en el mundo, admitir que, por más elogios que puedan adornar el propio trabajo, las capacidades evidentes y más aún, las ocultas, uno es poca cosa. No se me deberían helar los pies cuando en Google escribo su nombre con sus dos apellidos, y en 0,17 segundos aparecen 302,000 entradas, de las cuales, al menos dos terceras partes hablarán precisamente de él. No se me deberían doblar los brazos cuando sus caros amigos le elogian cualidades que incluso yo, que decía conocerlo, nunca he sabido muy bien qué hacer con ellas. Pero me reservo el derecho inalienable a sobrecogerme cuando reconozca que desde hace un tiempo, esta ha sido la única forma de escuchar alguno de sus pensamientos (aunque fuera de segunda mano), de enterarme si lo volveré a ver, si tendrá tiempo para responder mis cartas. Tal vez así logre convencerme de una buena vez de que quien era insuficiente, anónima, ajena, era yo, y no él, como le gustaba hacerme creer.

jueves, noviembre 09, 2006

A Juicio

Ojalá que la conciencia de que se está perdiendo el tiempo fuera suficiente para rectificar nuestros caminos. Obstinadamente pierdo uno, dos, cinco, mil días. El resto se va al olvido: todo producto, por insuficiente, es arrojado al fuego. Pienso en el día del juicio final, cuado el todo poderoso administrador del tiempo sagrado (el tiempo de los hombres en la tierrra) ponga su mejor cara de enfado al ver despilfarrados mis talentos, y yo, deseando con toda el alma que el suelo se abra y me acojan las entrañas del infierno. Será una liberación.