Matar la inspiración
Tenía un buen tópico para escribir.Pensé esta semana en la canción de Willie Nelson On the road again. Se la envié a mi ex-amante, a mi ex-novio y a una amiga. Sí, en ese orden. Y después de luchar toda la semana contra una pila de platos sucios que se empecinaba en no desaparecer, lavar con cloro el refrigerador y el bote de basura, sacudir todo el polvo (con el cual, por cierto, ya podíamos comenzar a hacer estratigrafía), barrer y trapear cada rincón del departamento y haber me hecho el firme propósito de mañana levantarme a las 6:30 y comenzar una rutina de ejercicios (porque mi cuerpo es un templo y como tal merece bla, bla, bla), después de todo este ritual de purificación, siento que me encauzo en aquél camino del cual había querido aparcarme, a paladear primero el merengue del amor, y después a lamer la sal de las heridas. En fin, que el I-Ching de una página de internet decía "no mires atrás con dolor", y pienso ¡por fin! ya estoy en disposición de ánimo para hacerle caso al cyber oráculo de 3000 años de antigüedad... el blogg merece una inspirada entrada.
Pero la inspiración es así, uno tiene guardado en sus favoritos la entrada directa a la edición del blog, para que ni una sola de las ideas se escurra, y resulta que no puedo. No conozco ni siquiera mi ID, y comienzo una búsqueda a través de mis cajones, en algún papelito estaba escrita la dirección de correo electrónico para que me reseteen mi contraseña y a ver si así podemos entrar. Para cuando estaba dentro, la musa ya se había escapado.
Así las cosas, mis ánimos son volátiles... usualmente me siento apenada por eso, pero me da la impresión de que desde que vine a España me he vuelto muy sinvergüenza. Pues ah, qué caray. Ahora no tengo nada para contar.
Sin embargo, he pensado en hacer un pequeño acto de psicomagia, comprar una caja muy bonita, con girasoles, que me cueste un poco de pasta, y encontrar la forma de perfumarla, tal vez le introduciré un jabón, pero no rosas, porque no quiero que huela a flores muertas, quiero que huela como el sol, como la vida que nace... quiero poner en esa caja los recuerdos que no me son indispensables, esas invitaciones, sus notas, los sobres en los que escribió mi nombre con aquella caligrafía incomprensible, los folios que imprimía, uno tras otro, para que no me fuera, mientra esperaba un folio innecesario, y aquél que me dio, que después mi amiga francesa me explicaba "dice que el amor a primera vista no existe", y no sé qué pensar, pero mejor no pienso nada, pensaré que hay girasoles, que buscan el sol, y que el sol huele a jaboncito, que el amor no puede marchitarse si se guarda bajo el sol.

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