Te abracé otra vez
Leía tu última carta, la de la despedida que en dos meses hará un año. Y pensé en aquella vez en que, en la orilla de la cama, te atabas los zapatos y yo me abracé a tu espalda y te dije que me llevaras contigo… luego sentí esa espalda enfriarse, transformándose en una lápida, y yo lloraba abrazada a tu espalda-lápida, con la consciencia de que, a tanto tiempo, mis lágrimas te han dado tanta vida como a los muertos del cementerio.